Aquí en el aposento de lo negro, Solo marchito,
Entre lo avaro y lo sublime respiro en este hálito de muerte que me llena de putrefacción,
Coagulando mi sangre para hacerla una pasta para untar entre mis dedos,
Y así poder quizás curar las heridas que me he causado,
Para que cicatricen bien y puedo borrar, los bueno, lo bonito y lo malo,
Para que no quede nada sino mi existencia, y pueda renacer,
En otro amanecer desbocado de puta pasión y maldita desviación,
Para dejar de rimar mis letras,
Y expresar lo que siento, para descargar el miedo,
Para inmutar al silencio en el estruendo de lo ruidoso,
Cuando mis gritos toquen su ego, y dejen hagan promiscuo al sonido,
Para que se folle con rabia a la inexpresada,
Y asesine sin cordura al maldito tipejo,
Para que te traicione como yo ya lo he intentado,
Para que nunca falle como yo ya lo hecho,
Para que ter marchites al igual que yo,
Y quedes vacía en lo inmenso.
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